Caroline
“Te he fallado Caroline, cuando tú nunca lo has hecho”
No
mires atrás Caroline, no importa lo que creas escuchar, solo no mires
atrás. Continúa corriendo sin importar que o quien se cruce en tu
camino; yo te sigo muy de cerca, casi pisándote los tobillos. Si tú
llegas Caroline, yo llegare también. Si tu te salvas, lo hare igual.
Desde
que todo comenzó, los ruidos, aquellos sonidos que no parecen crearse
de alguna forma que se pueda explicar con facilidad han ido cada vez más
en aumento. Las sombras, que desde un principio pude percibir
formándose a mí alrededor, se amontonan en la ventana y parecen tomar
formas cada vez más anormales y menos humanas.
Tengo miedo
Caroline, miedo de lo que pueda encontrar fuera de las paredes de mi
habitación, miedo de llegar al fin que durante tanto tiempo he evitado.
Y
llego a esa parte donde apareces tú; el punto exacto en donde tus
piernas han fallado ocasionando tu caída y las mías tiemblan
terriblemente sin que las pueda contralar. Te veo Caroline y la
desesperación se apodera de mi cuando no haces el intento de levantarte.
¿Qué ocurre? ¿Qué te duele? ¿Por qué no te pones de pie y continúas con
la huida?
Escuchas sus pasos aproximándose hacia a ti,
cada vez más cerca, estrellándose lentamente con el suelo pero haciendo
el suficiente ruido como para que puedas ser capaz de advertir cuando
lejos o cercas se encuentra. Esta demasiado cerca de ti Caroline, y lo
sabes. Después de todo él quiero que lo sepas, que te dejes influenciar
por su cercanía presionándote psicológicamente para que sientas más
temor, para que el miedo se apodere de ti y no te permita continuar.
Mis
dientes castañean ruidosamente, a pesar de encontrarme a la agradable
temperatura de 20°C. Porque lo que siento aquí no es frio Caroline, sino
un ferviente miedo que aumenta conforme él se acerca a ti… Y a mí.
¿Los tuyos también hacen lo mismo? ¿Tu si eres atacada por el frio o es
también el miedo que intentas contener el que te hace temblar?
Y al fin él está aquí. Atrás de ti, junto a mí. Y su fétido aliento contaminando tu aire puro te lo confirma.
Tú
aun el suelo Caroline, con aquel respirándote en el oído y deslizando
sus frías garras por tu espalda. Te sostiene, te levanta del suelo en el
que creíste estabas más segura y te obliga a mirarlo.
Me
estremezco bruscamente ante el tacto, cuando su gélido aliento invade y
contamina también mi oxígeno. Y mi respiración se dificulta, se torna
tan pesada que es difícil mantenerla con normalidad.
Tu
lloras Caroline, yo también lo hago, solo que tus lágrimas son
procedidas por alaridos de terror y dolor que van en aumento. Él ha
clavado sus garras en tu abdomen y las profundiza conforme lo segundos
pasan.
Yo no puedo llorar así Caroline, ni tampoco gritar,
yo debo de ahogar mi terror en llantos silenciosos para no despertar a
mamá o papá. Ellos no tiene que saber que él esta otra vez aquí.
Llevo
mi mano a mi abdomen, tocando el mismo sitio en donde él aun hunde sus
garras en ti. Siento tu dolor Caroline, lo siento con tan solo poder
escuchar tus gritos que imploran ayuda o piedad. Ambas sabemos que la
piedad nunca provendrá de él, y lo siento Caroline, realmente lo siento,
pero yo no puedo ayudarte. Solo soy capaz de observar la escena en
silencio, dejando escapar esas lágrimas que no hacen otra cosa más que
aumentar el sentimiento de impotencia que me invade.
Llevo
una de mis manos hacia mi boca para no dejar que un sollozo escape,
justo al mismo tiempo que una mueca retorcida que intenta inútilmente
imitar la sonrisa de un ser humano aparece en su rostro. Es horrible
Caroline, realmente lo es. Él lo esta disfrutando, el disfruta
infinitamente jugar este retorcido juego de “El gato y el ratón”; el
verte intentado huir sin perder las esperanzas; el atraparte y hacerte
gritar de dolor, de terror o ambas.
Su mueca se vuelve mas deforme; ya ni siquiera estoy segura de que si continua sonriendo o no.
Creo
que este es el fin Caroline, y no puedo soportar ese pensamiento. No
puede ser este el fin, no puedes acabar así de esta forma, después de
todo lo que hemos hecho juntas, después de todo lo que has pasado para
huir de él. Tú no puedes morir en sus garras Caroline…
Y
como si el universo leyera mis pensamientos, como si alguna fuerza
divina estuviera dispuesta a complacer mis deseos, un ruido lejano, como
el de pasos moviéndose a través de la oscuridad, lo distrae y deja de
ejercer presión sobre ti. Aprovechas esa distracción a la perfección
Caroline, ya que logras clavar certeramente tus dientes en uno de sus
deformes brazos.
Él dolor lo sorprende soltándote casi de
inmediato y permitiendo que tus pies toquen el suelo el tiempo
suficiente para que estos se comiencen a mover en busca del escape.
Deseaba
gritarte con todas mis fuerzas esas mismas palabras que te repites a ti
misma, porque Caroline, no deseo que mueras. En estas pocas semanas en
que has compartido mis momentos de soledad conmigo, en los cuales nos
hemos acompañado juntas en ese terrible camino que has tenido que
cursar; te has convertido en alguien muy importante para mí.
Tu has estado cuando nadie mas lo ha hecho.
¡Corre Caroline! Por favor, ¡corre!
No
voltees, no lo mires, no te asustes, que de eso me encargo yo. Yo soy
la que me asusto por ti Caroline, déjame ser yo quien soporte el miedo
que tú deberías cargar para que puedas huir, para que puedas continuar
acompañándome en esos momentos en que solo tú puedes hacerlo.
Sabes
que nuevamente se encuentra detrás tuyo, a escasos pasos de estar a
punto de igualar tu distancia; porque, no importa cuanto corras
Caroline, cual rápido trates de mover tus pies sobre el frio el suelo,
él parece ser más rápido en sus pasos que tu en tus zancadas.
Esta
furioso Caroline; puedo notar perfectamente la rabia reflejada en sus
inhumanas facciones. El juego se acabo, él lo ha terminado ya. Basta de
persecuciones sin sentido; de jugar al “gato y el ratón”; de atraparte,
lastimarte y permitir después que intentes huir otra vez. Ha llegado el
momento de la verdad Caroline, el momento de saber si veras otro
amanecer o si esta es tu ultima noche…
Un grito se ahoga
en mi garganta cuando caes de nuevo. Una mueca de dolor se refleja en tu
rostro a la vez que una de tus manos busca con desesperación tu tobillo
izquierdo. A penas lo rozas, otra expresión adolorida se refleja en tu
rostro.
Caroline, por favor, no me digas que…
Tu
respiración se detiene, la mía desaparece. Tu corazón se paraliza, el
mio se congela. Yo quedo completamente inmóvil, observándolo. Se ha
detenido justo detrás tuyo. Caroline, él no sonríe, no hay ni una sola
muestra de diversión en él. Has perdido, hemos perdido. El juego
oficialmente llego a su fin.
Entonces, ¿Por qué
Caroline? ¿Por qué aun intentas escapar? De nada servirá ya arrastrarte
por el suelo en buscando de salvación. Si antes, con ambas piernas sanas
no pudiste escapar, ahora que tu tobillo se encuentra lesionado…
Ni
siquiera vale ya la pena el intento. Tus gritos de auxilio son ahora en
vano, siempre lo fueron. Si existiera esa ayuda Caroline, hace mucho
tiempo atrás que ella hubiera llegado en tu auxilio.
Como
era de esperarse, él se acerca y te toma nuevamente entre sus garras,
pero esta vez no se detiene a hacerte gritar o gimotear de dolor. No, se
dirige única y exclusivamente hacia una parte vital de tu cuerpo, hacia
un punto clave y delicado con el cual él sabe que le dará fin a todo:
Tu cuello.
Una a una, las garras se van clavado con
firmeza en tu piel, rasgándola como si de una simple hoja de papel se
tratara. Gritas, te retuerces, intentas de mil formas desesperadas
zafarte de su agarre, más nada parece funcionar, él te tiene
perfectamente sujeta, perfectamente hecha prisionera entre sus deformes
brazos. Solo haces que el dañar tu cuello, cortando en los puntos
estratégicos, sea mucho más sencillo para él.
Quiero
gritar Caroline, pedirle que se detenga y me tome a mí en tu lugar.
Tomar el primer objeto filoso que encuentre en mi camino y enterrárselo
en cualquier parte de su monstruosa anatomía. No importa el lugar
preciso, con tal de que sea el correcto para que te suelte y puedas
vivir unos segundos más.
Pero no puedo, las palabras han
sido ahogadas en lagrimas saladas y lo gritos que en un principio opte
por contener se han quedado atascados en mi garganta. Mi cuerpo tiembla
de terror e impotencia, mas no puedo mover un solo musculo para
dirigirme hacia ti.
Y aunque pudiera, no habría mucho que yo lograra hacer.
Otro grito, otra suplica, otro pedido de ayuda que nadie responderá.
No puedo… simplemente no puedo continuar viéndote así Caroline…
Cierro
el libro con fuerza, lanzándolo lo más lejos que pueda llegar entre las
paredes de mi habitación. Lagrimas escapan de mis ojos como viles
hidrantes rotos y corro simplemente a refugiarme bajo las sabanas de mi
cama. Sé que no necesito mirarme en un espejo para asegurar que me
encuentro totalmente horrorizada.
Mamá y papá me lo
advirtieron cuando te traje a casa conmigo un día, me dijeron que tú aún
no eras apta para mí. No los escuche esa vez. ¡Oh Caroline! ¡Como deseo
haberles hecho caso!, realmente lo hubiera hecho. De esa forma nos
hubiéramos conocido en un principio, no me habrías acompañado en esos
tiempos solitarios donde más que nada necesitaba una amiga, ni hubiera
terminando encariñándome de esta forma obsesiva contigo.
Así
podría tener el valor suficiente de poder verte morir sin titubear ni
una sola vez y no tendría ese sentimiento de culpa por abandonarte
carcomiendo las entrañas, justo cuando más me necesitabas, justo cuando
más necesitabas que fuera yo quien terminara de una vez por todas con tu
agonía.
Sé que sufres esperando tras las tapas de la
pasta dura de el libro, esperando a que yo al fin tenga la fuerza de
abrirlo otra vez y leer esas ultimas palabras que marcan tu destino.
¿Aun vives o has muerto ya Caroline?
Nunca lo sabré, por lo menos no por ahora, y tú tampoco lo sabrás.
Lo
siento Caroline, realmente lo siento, pero ya no puedo soportar más por
hoy. No tengo aun el valor suficiente para darle fin a tu sufrimiento.
Solo espero que la próxima vez que pueda ser capaz de volver a abrir
este libro aun continúes con vida.